Trece vecinos de un bloque de Málaga conviven con el cáncer y piden que se analice su caso. Nunca hay "evidencias científicas" de nada, pero podrían evitarse ciertos artilugios en algunas zonas
CHUS HEREDIA La estadística a veces tiene unos caprichos tales que recelamos de ella. La estadística es una manera de enfriar la realidad, de quitarle carga de dolor. Trece vecinos de dos bloques anejos situados en la calle Héroe Sostoa, en la Carretera de Cádiz, conviven con el cáncer desde hace tiempo.

Cuentan que, además, las manifestaciones oncológicas también son caprichosas. En términos generales, en las mujeres se dan los cánceres de mama y, en los hombres, los relacionados con el aparato digestivo. ¿Estadística? Puede ser, pero uno no es precisamente heredero de Severo Ochoa. Lo que está claro es que la prevalencia es muy superior a la media y, al menos, habrá que estudiar si hay algún agente externo que influye en tanta desgracia en un mismo edificio. Y el empirismo no entiende de sentimientos ni de sensaciones.
Los vecinos piden un poco de atención. No piden curas milagrosas ni tratamientos llevaderos. Para eso están los facultativos. Quieren ni más ni menos que ser escuchados, atendidos. Exigen que su caso sea analizado. Y que lo sea también el potente transformador eléctrico situado en los bajos de sus viviendas. De entrada, el defensor del ciudadano, Francisco Gutiérrez, y el concejal del distrito de Carretera de Cádiz, Julio Andrade, se han ofrecido a cursarles visita.
Sin embargo, mucho me temo que chocarán de lleno contra el convencionalismo más utilizado cuando algo se escapa del conocimiento certero, contra la "evidencia científica". Cuando hablamos de antenas de telefonía móvil, repetidores, generadores y otra serie de artilugios e ingenios del campo de las ondas y los voltajes nunca hay evidencias científicas de que puedan ser letales o dañinos. Sin embargo, todos coincidimos en que convivir con una instalación de esta índole no está entre nuestros principales sueños. Todos tenemos claro que, con o sin evidencia científica, tales inventos no deparan ningún bien para nuestra salud.
Sirva este caso para dos cuestiones fundamentales. La primera es que la obligación de las administraciones debe ser siempre la de atender a sus ciudadanos. Y, si su salud está en juego, con mucha más prestanza y celeridad. La segunda es que los ayuntamientos tendrían que empezar a tener claro que las instalaciones conflictivas podrían estar muy bien bajo tierra o en parajes semidesiertos, que también los hay en las ciudades. Búsquense fórmulas, que la misma tecnología capaz de producir estás máquinas y equipos será capaz de atenuar sus impactos.
Vivimos de espaldas a asuntos básicos que cada vez escapan más a nuestro control. Con las producciones en serie hemos topado. Uno opta por comerse un tomate haciendo gala de una entrega sin límites a la dieta mediterránea y no sabe cuántos pesticidas han pasado por él. Leemos, con frecuencia, etiquetas en las que a un embutido se le añaden leche, azúcares y otras porquerías. Estamos aburridos de frutas y verduras bonitas, brillantes, iguales, simétricas...
Todo está tratado. Todo lleva ´E-nosecuántos´ y estabilizantes y correctores de acidez. El campo no ofrece tomates bonitos ni iguales. Alguien debería poner fin a tanta intervención en algunos procesos para que el desarrollo no se nos vuelva en contra. Y mientras, los agricultores tienden a extinguirse, ahogados por los bajos precios a los que les pagan sus productos para que alguien haga su agosto como intermediario.
A veces, cuando uno ve algunos documentales o lee ciertos reportajes de fondo, poco menos que no tiene otro remedio que echarse a temblar. Sólo con que la cuarta parte de las advertencias de organizaciones como Greenpeace fueran ciertas, estaríamos envenenándonos poco a poco, día a día. Uno se come un atún sin pensar que acaso entre sus propiedades nutricionales esté una importante carga de metales pesados.
Repetidores, alimentos, sustancias químicas, productos de limpieza... Todo está más relacionado. Y nadie tiene evidencias científicas para refutarlo. Pero las mismas moralinas que se utilizan para hablar del mal que causa el tabaco en el cuerpo utilícense con los chorizos, los que cuelgan de un clavo en la cocina y los otros. Salud.
Fuente: http://www.laopiniondemalaga.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009022300_2_239698__Malaga-alla-estadistica